Cómo elegir un árbitro internacional: criterios y buenas prácticas
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- hace 2 días
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En un arbitraje, la parte no elige al juez. Elige al árbitro. Es una de las pocas ventajas estructurales del arbitraje frente al litigio judicial, y también una de las más desaprovechadas: muchas designaciones se hacen a última hora, por recomendación suelta, sin un método detrás.
Lo que sigue es ese método, planteado en forma de preguntas.
¿Qué hace exactamente un árbitro?
Un árbitro es un juzgador privado designado por las partes, o por la institución arbitral, para resolver una controversia mediante un laudo vinculante.
Aunque una parte lo designe, el árbitro no la representa ni defiende sus intereses. Debe ser independiente e imparcial frente a todas las partes durante todo el procedimiento. Esta es la confusión más frecuente entre empresarios que se acercan por primera vez al arbitraje: creen que designan a un abogado propio dentro del tribunal, y no es así.
Si aún está evaluando si el arbitraje es la vía adecuada para su contrato, conviene revisar antes qué es el arbitraje comercial en Venezuela y cuándo conviene usarlo.
¿Cuántos árbitros conviene tener?
Depende de la complejidad y del monto.
Un árbitro único es más rápido y más económico, y funciona bien en disputas de cuantía moderada o de estructura sencilla. Un tribunal de tres árbitros ofrece deliberación colegiada, reduce el riesgo de un criterio aislado y suele preferirse en casos de alta complejidad técnica o alta exposición económica. En la configuración habitual, cada parte designa a un árbitro y esos dos, o la institución, designan al presidente del tribunal.
¿Qué criterios importan al elegir un árbitro?
Estos son los que efectivamente mueven la aguja:
1. Competencia jurídica en la ley aplicable. Si el contrato se rige por derecho venezolano, el árbitro debe conocer derecho venezolano. Parece obvio y se pasa por alto con frecuencia, sobre todo cuando la disputa es internacional y se privilegia el prestigio general sobre el dominio del derecho que efectivamente va a decidir el caso.
2. Experiencia sectorial. Un árbitro que ha visto antes contratos de construcción, de suministro industrial, de energía o de distribución entiende la lógica del negocio sin necesidad de que se la expliquen desde cero. Eso acorta audiencias, ordena la prueba pericial y produce laudos mejor razonados.
3. Experiencia como árbitro, no solo como abogado de parte. Son oficios distintos. Conducir una audiencia, administrar un calendario procesal, resolver incidencias probatorias y redactar un laudo motivado exige práctica específica. Un litigante brillante que nunca ha presidido un tribunal puede no ser el mejor presidente.
4. Independencia e imparcialidad verificables. Antes de designar, hay que revisar relaciones previas con las partes, con sus abogados, con empresas del mismo grupo y con testigos o peritos. Los árbitros están obligados a revelar cualquier circunstancia que pueda generar dudas justificadas sobre su neutralidad, pero la debida diligencia de la parte no se delega en esa declaración.
5. Disponibilidad real. Un árbitro sobrecargado retrasa el procedimiento. Conviene preguntar directamente por su carga de casos y por su capacidad de asumir el calendario previsto. Un buen árbitro que no tiene tiempo es un mal árbitro para ese caso.
6. Idioma y cultura jurídica. Si el arbitraje se conduce en español y la prueba documental está en español, un árbitro que trabaje cómodamente en ese idioma evita traducciones, matices perdidos y costos. Y si el caso cruza tradiciones jurídicas distintas, conviene un árbitro que se mueva entre ambas sin quedarse anclado en una.
7. Temperamento y capacidad de deliberación. En un tribunal de tres, el árbitro que no sabe construir mayoría es un árbitro que no influye. Es un criterio difícil de medir, pero quienes conocen el mercado saben distinguirlo.
¿Cómo se verifica la independencia de un árbitro?
Con tres pasos, en este orden:
Primero, revisar la declaración de independencia y disponibilidad que el árbitro está obligado a suscribir al aceptar el encargo.
Segundo, hacer una búsqueda propia: designaciones anteriores, publicaciones, participación en seminarios patrocinados por alguna de las partes, relaciones profesionales de su firma con los involucrados.
Tercero, contrastar con las directrices internacionales de uso generalizado sobre conflictos de interés en arbitraje internacional, que clasifican las situaciones en categorías según si son inhabilitantes, dispensables previa revelación o irrelevantes.
Si algo aparece después de la designación, el deber de revelación es continuo. Callarlo es lo que genera problemas, no revelarlo.
¿Sirve de algo el reconocimiento de mercado, como los rankings?
Sirve como una señal, no como un criterio único.
Directorios como Chambers and Partners construyen sus rankings a partir de investigación independiente, con entrevistas a clientes y a pares del mercado. Su valor, para efectos de una designación arbitral, es que reflejan una opinión agregada de personas que han trabajado con ese profesional o frente a él, y no una autopresentación. En arbitraje esto importa de forma particular: los directorios mantienen categorías específicas dedicadas a árbitros, precisamente porque ser un buen abogado de parte y ser un buen árbitro no son lo mismo.
Dicho eso, un ranking no reemplaza la verificación de conflictos, la evaluación de disponibilidad ni el ajuste al caso concreto. Es un punto de partida para armar la lista corta, no el criterio final para elegir dentro de ella. Explicamos con más detalle cómo se construyen esos rankings en qué significa que un despacho esté rankeado por Chambers.
¿Qué errores se cometen con más frecuencia?
Designar por cercanía personal en lugar de por ajuste al caso. El árbitro no es un aliado y no debe elegirse como tal.
Dejar la designación para el último día del plazo, lo que reduce las opciones a quien esté disponible en ese momento.
Ignorar la sede. La sede define la ley que rige el procedimiento y el tribunal competente para conocer una eventual nulidad. Un árbitro que no domina el derecho de la sede es una vulnerabilidad.
No preguntar por la carga de trabajo. Es una conversación incómoda que ahorra meses.
Elegir al presidente sin conversar previamente entre los coárbitros. El presidente marca el ritmo del tribunal.
¿Cuándo conviene asesorarse antes de designar?
Siempre que el monto en disputa sea material para la empresa, o cuando el caso involucre derecho extranjero, prueba pericial compleja o ejecución en otra jurisdicción. La elección de árbitro es una decisión estratégica del mismo peso que la teoría del caso, y se toma una sola vez.
Por qué ESC+G
Asesoramos a empresas tanto en la redacción de cláusulas arbitrales como en la estrategia de designación, y participamos como árbitros en procedimientos administrados por centros institucionales.
Esa doble perspectiva importa. Quien ha estado del lado del tribunal sabe qué escrito se lee con atención, qué prueba pesa y qué argumento se cae en deliberación.
En la edición 2027 de Chambers Latin America, Ramón Escovar Alvarado fue reconocido en Band 1 en la categoría Dispute Resolution: Most in Demand Arbitrators para Venezuela. La reseña editorial de Chambers señala: "continues to be recognised by market onlookers for his leading activity acting as an arbitrator on arbitration panels." Puede verse el detalle en el perfil de la firma en Chambers.
Si su empresa está por designar árbitro o negociando la cláusula que lo hará necesario mañana, conversemos antes de que el plazo decida por usted.


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